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Impresiones tras un Curso de Periodismo

(2486)

DURÓ UNA SEMANA
Hace quince días asistí a un curso de Periodismo Científico.

Sin a duras penas permitirme a mí mismo juicios críticos sobre la marcha, en el transcurso de él fui almacenando impresiones. Dejo a un lado las derivadas de las materias científicas que allí se abordaron: desde la física de partículas hasta las células madre; y las dejo, para lo que hay en mí de metabolismo lento del ofidio o del úrsido...

Lo que deseo resumir ahora son mis impresiones sobre el periodismo en sí. A mi juicio, en todo apenas podemos pasar de impresiones. Entiendo que en la vida, por muchas ansias que tengamos de saberlo "todo" sólo podemos aspirar a obtener pequeñísimas parcelas de conocimiento, sabiendo para colmo de antemano que aun así lo aprehendido es relativo. Y si se trata de las cosas que suceden cada día, el "conocimiento" al que se nos está dando continuamente acceso es un producto fundamentalmente elaborado en función de la mentalidad del periodista, del periódico que difunde la noticia y de las fuentes de información que, en asuntos graves, son agencias y gabinetes de prensa fuertemente politizados e ideologizados.

Desde luego, por más que los supereruditos, los documentalistas y los dogmatistas se empeñen en otra cosa hemos de reconocer que todos, incluídos los científicos, no podemos hablar sino de "impresiones" sobre las cosas —tan inconsistentes y huidizas son— por mucho que las hayamos contrastado. No voy a perorar filosóficamente sobre qué debamos entender por "verdadera realidad", sobre el mito de la caverna platoniana o sobre el gato de Shrödinger. Simplemente deseo resaltar lo mucho de relativo y de falso que hay en cada dogma, en cada aserto y desde luego, cómo no, también en cada noticia. La prueba de que eso es así es que la misma Ciencia se desdice demasiado a menudo y los científicos pelean entre sí para que prevalezca una línea de investigación que al final también con frecuencia quizá queda postergada...

En fin, decía que mi intención ahora es intentar reproducir mis impresiones a propósito del Curso. Veamos:

Lo primero que salta a la vista es que los periodistas son tan pretenciosos como todo especialista. En su descargo se puede decir que no dudan ni pueden permitirse la menor vacilación en su manera de comunicar sus ideas y chismes, porque el periódico ha de estar preparado para editarse a una determinada hora cada día. En todo caso, sus ortodoxias y heterodoxias, sus aciertos y errores aun de bulto sólo son controlados o supervisadas por ellos mismos. ¿Sus límites? Teniendo tanta repercusión en la formación de los estados de opinión y se diría que en la marcha global de la Historia, sólo la ley y sus Libros particulares de Estilo. Los periódicos son los templos de papel de la postmodernidad, y los periodistas, los diosecillos que ofician en ellos. Y ya que los he tenido tan cerca en el Curso, aprecio que ni los científicos llegan tan lejos en sus pretensiones de estar en posesión de la verdad...

Prueban su arrogancia y subjetividad las continuas refriegas dialécticas a que se dedican entre ellos mismos. Como las hay entre abogados, médicos, científicos o pedagogos, en efecto. Pero la diferencia está en que los periodistas se complacen en dotar a cada litigio de una cumplida fanfarria.

La segunda es el modo endogámico de funcionar el periodismo y los periodistas. Ignoran, fingen ignorar más bien, con su silencio o displicencia la presencia y potencia en la vida social de actualidad de los medios virtuales, de los contramedios, de los medios alternativos y de las versiones de "la realidad" no revestida de oficialidad.

La prueba, para mí en este caso, fue que simulaban desconocer la existencia de la Red Voltaire y de Thierry Meyssan, su director. La Red Voltaire, Meyssan, un equipo de periodistas tan escrupulosamente periodistas como los que más, que siguen líneas de investigación autónomas, costosas y absolutamente independientes, especialmente sobre el terrorismo y especialmente sobre el sospechoso 11-S en Nueva York el año 2001. Como no editan un periódico "normal", para "nuestros" periodistas los componentes del equipo Voltaire son para ellos periodistas marginales cuyos datos y fuentes no son dignos de tenerse en cuenta para evaluar la "rabiosa" realidad.

La tercera es que ignoran o quieren ignorar que, en cuestión de política internacional, todo lo que saben los periodistas de los medios oficiales son versiones transmitidas por las agencia norteamericanas de noticias, y lo que sabemos en materia policíaca en general, sólo lo que a su vez les han comunicado los gabinetes de prensa de las policías y de las instituciones que más o menos las controlan.

Esto último nos conduce a la sencilla conclusión de que lo que sabemos es lo que aquéllos quieren que sepamos. La noticia de un hecho en sí visible para todos como la ocultación del sol por el horizonte, no tiene vuelta de hoja: han puesto un explosivo, por ejemplo. Vale. Pero luego viene lo importante: la autoría. ¿Sobre qué datos que son materialmente imposible obtener con rapidez y que a menudo a duras penas despejan las investigaciones judiciales años después, se puede determinar quién fue el autor? Pagar a cualquiera para que haga lo que nos conviene o testimonie lo que queramos que testimonie, teniendo en cuenta hasta qué punto está plagado el mundo de débiles mentales sin esperanza, es bien sencillo para convertirnos en un pis pas en el autor "intelectual" del acto terrorista en cuestión para luego rentabilizarlo. ¿Dónde está la verdadera "verdad" cada día en hechos redundantes y a todas luces manipulables como pocos? Bueno, pues los periodistas dominantes se niegan a admitirlo. Para ellos todo es como "parece". Y la prueba de ello es su obstinación de hacer de todo algo controlable por ellos. Por ejemplo, como una conspiración sociopolítica de altísima envergadura requiere ingente energía cósmica, prefieren llamar a su vez conspiración a toda hipótesis que intenta desenmascararla.

Pues llaman conspiración y teoría conspirativa a todo lo que no pertenezca a su modo y estilo de presentarnos esa realidad que "conocemos". No titubean. No ven, no quieren darse cuenta de que la historia no es más que una sucesión de confrontaciones conspirativas. No les conviene partir de la base de que la actualidad (que puede durar un día, un lustro o una década) está preñada de permanentes conspiraciones del poder absoluto, por más que se las revista de ribetes democráticos. Conspiraciones contra la paz, contra el pueblo, contra el escrúpulo, contra el humanismo y contra la decencia que el poder político militar demoledor y apabullante, y especialmente el yanqui, hace constantemente prevalecer sobre las protestas de contrario. Protestas, voces, que quedan automáticamente sofocadas no por su inconsistencia e insensatez, sino por su debilidad en comparación con la estridencia y fuerza de la conspiración principal que prevalece...

Otro día hablaré de otras impresiones.

Ver mi artículo "La dictadura del periodismo" de 28 de agosto de 2004 en Kaos:
http://www.esfazil.com/kaos/noticia.php?id_noticia=4911&nc=2






Insertado por: Jaime Richart (30/07/2005)
Fuente/Autor: Jaime Richart
 

          


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