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Control social y libertad de expresión

(2837)

CIVILIZACIÓN CONTRA CULTURA
-Cuando el hombre nace, ya se encuentra las normas de su sociedad hechas y tiene que aceptarlas en gran medida para sobrevivir, y no digamos si lo que quiere es medrar.

Si las rechaza entra en conflicto en el grado de rechazo, y si éste tiene un éxito dado, el resultado es la imposición de normas nuevas: los procesos revolucionarios son muy instructivos en este terreno. Los revolucionarios rechazan muchas normas de la sociedad cuya estructura política desean derrocar, pero no por ello dejan de tener normas propias; más tarde, si vencen, imponen las suyas propias sobre las zonas más pasivas de la colectividad. Así pues, la sociedad se controla a través de las normas sociales que son de dos clases: usos, costumbres y prejuicios (sistema informal), por un lado, y leyes, sanciones y policía (sistema formal), por otro. El control social lo ejerce la propia sociedad, que tiene en origen un sentido: fortalecimiento y supervivencia del grupo, mediante la aceptación o rechazo de los comportamientos.

Las instituciones, normas y roles se mantienen en gran parte al consenso social. En algunos casos la cosa parece clara; la actitud consensual surge automáticamente, como ocurre con una lengua determinada por una población. El idioma materno se adquiere en el proceso de socialización, y los habitantes de un país no tienen que llegar a acuerdo alguno para hablarlo entre sí; el lenguaje aparece dado, y el consenso es total, aunque inconsciente. Lo mismo puede decirse de los códigos morales prevalentes en una sociedad. Pero otras veces el elemento consensual es más difícil de discernir, cuando el control social se ejerce a través de la coerción. La coerción, unas veces es abierta, o despótica, y otras más sutil, que entraña la manipulación de la colectividad. Hay manipulación cuando los individuos creen actuar consensualmente pero en realidad son inducidos a comportarse según una estrategia planeada por quienes detentan las riendas de algún tipo de poder.

Pues bien, en los países vertebrados en la "sociedad democrática", el control social lo ejercen leyes, policías, por un lado, y quienes detentan los poderes económicos, comerciales, financieros y mediáticos, usufructuarios de los resultados de ese ejercicio en mucho mayor medida que las costumbres en franco retroceso, por otro. Mientras que en la sociedad musulmana, eminentemente religiosa y articulada en teocracias, para el control social en principio se basta la religión predominante y sus códigos morales.

La libertad de expresión es desconocida para estos países que se ciñen a las pautas coránicas. Y en los occidentales es la libertad de opinión sin más restricciones que las establecidas por las normas sociales, usos, costumbres, prejuicios y leyes. Interactúa con el control social. Pero rectamente entendida, la libertad de opinión se supone está ahí como una posibilidad democrática para criticar al poder y a los poderosos, no para escarnecer a quienes consideramos "inferiores". "Y si la prensa occidental desea tomarse libertades escandalosas, que provoque a los amos de las multinacionales en vez de hacerlo con sus siervos musulmanes". (Enrique Gil Calvo)

La libertad de expresión es, con la de reunión y la de libre circulación, el tríptico sobre el que descansa el tinglado democrático. Pero, si la de reunión y circulación nos interesa a los ciudadanos comunes, a quien interesa en realidad la libertad de expresión es a los medios, no a los ciudadanos del montón que tenemos en el mundo llamado libre que refugiarnos a pesar de pasar por serlo en el ghetto de Internet para despacharnos a gusto. Y es más o menos ancha según países, el nivel de cultura colectiva y el tipo de gobierno. Bien lo sé. A pesar de haber pasado ya casi 30 años desde que se instaló esta libertad en España, cuando envío a un periódico un escrito meditado, conciso y riguroso pero comprometido para el propio periódico u otras parcelas de la realidad social espinosas, como la cuestión vasca, las aspiraciones nacionalistas, etc; es decir, cuando no he puesto la bola al florete para que la estocada no sea de salón, que es como se escribe en los medios "para no alterar el orden que nos ha sido impuesto", ni siquiera en "Cartas al Director" se publica el escrito. Pero no aquí y ahora. Siempre estará el control social vigilante. A fin de cuentas las normas sociales, más que atender a las demandas de toda la sociedad, atienden a los intereses de los grupos dominantes. En todo caso, ése es el tipo de libertad de expresión que tanto reclama y defiende la prensa en general... para sí misma; libertad, por otro lado, para maldecir al extranjero pobre, para burlarse más o menos finamente de los sojuzgados, para arremeter contra el poder político, que poco puede hacer; pero nunca contra los poderes efectivos: el mediático, económico, financiero, empresarial, policiaco que medran a costa del poder político y se amparan siempre en él...

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Digamos que el engreimiento de la sociedad occidental es cosa suya y que allá los individuos y los países que se sienten superiores. Pero es que aunque la rutilante inteligencia occidental no se haya dado cuenta, hay otros modos de concebir la vida y otras culturas. Y resulta que en la musulmana el "control social" procede de códigos morales, usos y costumbres derivados de la religión predominante, y no de ampulosas leyes laicas, de proclamas de principios que se burlan y traicionan constantemente, de métodos conductistas y del palo y tente tieso, que son los “eficaces” mecanismos de control de las democracias modernas.

Como Occidente todo lo mide por conceptos contables y numéricos y hasta las reivindicaciones humanistas acaban subordinadas a ellos, Occidente considera al mundo árabe-musulmán “atrasado” y políticamente equivocado. Es decir, para él la cuarta parte de la humanidad está errada. “Sólo” el pensamiento occidental es el correcto. Se dice pronto... ¿Se cree así realmente o es porque en el subsuelo de todos los países donde rige el Islam está la energía que necesita, y porque, armado hasta los dientes el imperio que dirige las operaciones, ha de dar necesariamente "salida" al armamento almacenado? Porque es infinitamente más cómodo hacer guerras con levas de importación y robar la riqueza ajena, que comerciar. Terreno abonado, por otra parte, en un sentimiento atávico de aversión hacia el orbe musulmán transmitido a su vez por la religión cristiana que, pese a todo, ha predominado en los espíritus prácticamente hasta ayer. Ahí sigue la democracia “cristiana” mandando de hecho sobre Europa. Por eso el Occidente laico no "comprende" a la cultura musulmana. Es que sencillamente no le interesa.

Efectivamente, en Occidente los usos, costumbres -rápidamente cambiantes- y los prejuicios -que se esfuman en los aspectos relacionados con la dignidad permaneciendo en cambio otros irracionales-, a los efectos del control social cuentan muy poco. Los que hacen ya todo el trabajo de control son las leyes represivas y los poderes fácticos. La costumbre y la religión ni sirven de freno, ni tan siquiera son ya bien vistas por retrógradas. El vértigo y el cambio por el cambio aplicado a todo, es lo que impera. Leyes y poderes fácticos se bastan y sobran, pues, para ejercer el control social.

El influjo que el cristianismo religioso (como sentimiento, no como otro instrumento más de la política) pueda tener a esos efectos en Occidente, es cada día más débil. Desde el estrago del hiperracionalismo hasta el desencanto, el espiritualismo es cosa del pasado. Día a día, la religión es sobre todo una reminiscencia cultural, un bien mostrenco, un elemento decorativo de la democracia. Por antonomasia la católica. Pero a medida que va cediendo el sentimiento religioso, el vacío que deja lo van ocupando el poder político y los poderes económicos, comerciales, financieros, mediáticos, publicitarios, que son los que se llevan la parte del león. Ahora no envía Occidente a tierra de infieles las Cruzadas por motivos religiosos inventados. Ahora las envía para promover pueblos de consumidores, en esa frenética expansión sin fin, lema del “progreso” ilimitado sin saber cuál debe ser la “dirección” porque en el fondo está despavorido.

La cultura musulmana existe sin vacilaciones. Pero la occidental padece terror cósmico aunque finja convicciones. Sólo el ser que interiormente es ya cadáver, sólo el puro sofista intelectual, el sensualista, el darvinista, pierde o niega ese terror, interponiendo entre sí y lo extraño una “concepción científica” del mundo, sin arcanos ni misterios. Y así nos va...

Diríamos que en principio, para corregir abusos, ahí está poder el judicial. Sin embargo, si esperamos que sea el judicial el poder que ponga las cosas en su sitio, estamos apañados. Veamos qué sucede:

A cambio de esa libertad que se nos vende como máximo "valor democrático", los ciudadanos no cuentan para nada, los Estados Unidos se toman impunemente la justicia por su mano en el concierto internacional, y los dueños del Mercado pueden comprar voluntades y negociar indignidades, causa principal "prostituyente" pero no excluyente de la democracia. El judicial, fuera de los delitos comunes, mira a otra parte. Sólo se entera cuando un semihéroe o un traidor perdido de una banda financiera, política o comercial se decide a "declarar" a petición propia. La intervención de oficio del ministerio público es prácticamente nula. En todo caso, desaparecida la mayoría de bienes morales: el honor, la buena fama, la virginidad y lo sagrado el principal, por no decir único, bien a preservar es el dinero. La unidad de medida para todo daño es el dinero. Por eso, en medio de esta devaluación general de “lo moral”, no extraña que cuando el denunciante y el traidor se mueven a denunciar antes de decidirse a "hablar" con la Justicia se resuelva el asunto con dinero, y si no, con el clásico ajuste de cuentas. Por eso, tampoco extraña que Occidente, además de arremeter contra la cultura islamista por motivos espúreos y bien definidos, tampoco la comprenda. Estamos no ante un duelo de un profeta contra otro, sino ante el dios Dinero contra el profeta que une a mil quinientos millones de habitantes del globo...

Aunque en teoría los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial en el modelo democrático se controlan y neutralizan entre sí, lo cierto es que en el proceso político general los tres sirven al mismo fin de apuntalar el "método" social y el control social, y mantener los roles. Todos los poderes se zafan fácilmente del control, porque en el fondo todos son socios de la misma empresa. Los únicos que han de soportar el peso abrumador de todos los poderes, son los ciudadanos ordinarios que reciben las migajas del fatídico “progreso” y con ellas se aplacan.

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Cuando la Eurocámara proclama como un derecho universal la libertad de expresión, parece proponerse preservar de la duda a las libertades ciudadanas y al bien moral del respeto mutuo. No es así. Lo que hace esa proclama innecesaria es reafirmar los principios ultracapitalistas y la libertad de expresión como negocio mediático y editorial. Mientras que en la cultura islámica, lo económico está relegado a un segundo plano. El primer plano lo ocupan "todavía" la espiritualidad, la religiosidad, la confraternidad y la dignidad humana sustraídas al tráfico mercantil. Por eso la pretendida alianza entre civilización occidental y cultura islamista está condenada al fracaso. No es posible la sintonía entre dos comunicadores con dos claves diferentes.

En la cultura islámica, mil millones y medio de ciudadanos del mundo, desde Argelia hasta Indonesia, los límites de la libertad vienen dados por una religión que se profesa multitudinariamente. Y la autorrepresión moral es mucho más potente que la represión de sus policías. La represión de éstas, en realidad se dirige por encima de todo a contener la "libertad de explosión" de las masas en esas sociedades frente a los abusos de Occidente.

Pero para que se vea hasta que punto la propia sociedad occidental desbarra, por un lado la Eurocámara refrenda la libertad de expresión y autoriza implícitamente el escarnio de la religión musulmana, pero por otro Austria condena a prisión al autor de una ¡opinión!, David Irving, por negar ¡hace 17 años! en unas conferencias, la existencia del Holocausto. Una mera opinión, además cuyo absurdo se contiene en la propia negación de la evidencia...

Con lo que la libertad de expresión, tanto en Europa como en Estados Unidos, alcanza sus máximos para la mofa de otra cultura, pero sigue restringida, como siempre, en todo cuanto aventa a partir de un cierto límite las lacras del "mo­delo" occi­dental. Por eso le declara anatema hasta el ridículo a David Irving y no tiene empacho en condenar a un casi loco. Y por eso no caben en los medios dominantes la inmensa mayoría de las denuncias y acusaciones que hacemos en Internet.

Aun así, pese a que la Eurocámara se alza como exégeta único del capitalismo, entre el mundo islámico y los países democráticos no existe un enfrentamiento ideológico como se nos quiere presentar. Estamos ante un enfrentamiento entre dos conceptos absolutamente dispares e irreconciliables de vida; mil veces agravado por la ocupación infernal de dos de esos países asiáticos a cargo de la bestia americana, con independencia de la presencia, desde 1948, de Israel, el tentáculo armado del imperio en Oriente Medio.

En todo caso, si el Islam fuese la fiera, Occidente la tiene a buen recaudo y no hace otra cosa que apalearla y hostigarla por metódo.

Por un sentido del equilibrio universal y otro elemental de justicia humana e intercultural, en este contencioso entre Medio oriente y Occidente yo, desde el punto de vista antropológico, encuentro culpable a “Occidente”.









Insertado por: Jaime Richart (25/02/2006)
Fuente/Autor: -Jaime Richart
 

          


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