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Las dos eternas varas de medir

(4152)

DISTINGAMOS ENTRE PESCADORES Y ARMADORES... ¿PIRATAS?
Se les llama piratas y chantajistas a los que tienen en sus manos el destino del atunero Alakrana, y secuestro al acto de la retención del barco en espera de ser pagada la libertad de los retenidos.

Si estuviéramos hablando de un pesquero extranjero que faenaba en aguas jurisdiccionales españolas, no habría caso mediático siquiera. Pasaría la noticia a un segundo plano.

Las autoridades marítimas de la circunscripción exigirían el pago de una penalidad cuantiosa por haber sido sorprendida la embarcación en flagrante delito de piratería (así se le calificaría precisamente), y todo aquel que se enterase aplaudiría la justicia aplicada.

A muchos no les bastaría con el pago del rescate y pedirían prisión, otros hasta exigirían que se colgase por el cuello a los ladrones de pescado. Yo me pregunto: ¿si los que llaman aquí "piratas" lo fueran verdaderamente, no habrían matado  ya a toda la tripulación?

Así es la vida. Así es más o menos, siempre, el modo de enjuiciar los hechos. Cuando en el interior de este país se forman escombros con el número de corrompidos, ¿qué se puede esperar a la hora de valorar y enjuiciar a los extraños moribundos de este planeta? Todos, políticos, periodistas y gentes del montón hablan sobre este secuestro como lo hacen los forofos de un equipo de fútbol. Nosotros estupendos, a los otros, que les den… Es natural. Es natural… hasta cierto punto.

Los medios deben explicar que todos deseamos la liberación de la tripulación del atunero Alakrana. Pero también que todos deseamos que los pesqueros españoles (es decir, armadores y patrones, que no son lo mismo que los pescadores) dejen de robar en un país depauperado por un sinfín de modalidades de depredación y de expolio a los que les sujetan precisamente los occidentales; gentecilla que exige a los gobiernos que amparen su latrocinio o terminan armándose a través de empresas de seguridad para consumar el saqueo.

Es ley internacional: quien se adentra en aguas marítimas ajenas, o paga con dinero contante y sonante su delito o se le mete en prisión hasta que lo pague. ¿Qué otra cosa no hubiera hecho el gobierno español, cualquier gobierno de las pimpantes naciones capitalistas, si un pesquero tras otro faenasen dentro de sus aguas jurisdiccionales?

La clave de la justicia es muy sencilla: ponerse en lugar de “el otro”. Y resulta que los países más atrasados moralmente son también los más altaneros y pretenciosos con los países más débiles, y los más incapaces por tanto de este ejercicio de ponderación.

Que liberen a los retenidos que se han burlado de las leyes internacionales y del depauperado país africano al que los capitalistas saquean. Pero alcémonos contra la depredación feroz, contra la ley del embudo, contra la manipulación a que los medios someten su lenguaje atenuando culpas propias para cargar las ajenas.

Repudiemos la corrupción que no sólo luce en las tramas situadas en el epicentro de la política. Distingamos entre pescadores y armadores que fuerzan a los patrones de los pesqueros y al resto de la tripulación a estas rapiñas.

Escupamos a los que meten el corazón en puño a las familias de los pescadores secuestrados, que trastean a los gobiernos y hacen pasar un calvario a toda la sociedad por su codicia en tiempos en que no sólo se agotan los bancos de atunes, es que el mismísimo oxígeno nos empieza a faltar…

Insertado por: Jaime Richart (09/11/2009)
Fuente/Autor: Jaime Richart
 

          


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