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Recuperación de las pequeñas poblaciones del Lobo.

(718)

FAUNA IBÉRICA MÁS AMENAZADA. ESPAÑA.
Ponencia que el Dr. Juan Carlos Blanco, biólogo y asesor del Ministerio de Medio Ambiente, expuso en la facultad de veterinaria de la universidad de Murcia.


X CURSO DE VEDEMA. En Murcia..

El LOBO. Canis lupus Linnaeus, 1758.
IDENTIFICACION.

Con el aspecto general de un perro pastor alemán y un tamaño ligeramente menor, el lobo ibérico se diferencia de éste por tener la cabeza más grande y redondeada, con los maseteros muy desarrollados y los ojos oblicuos, de color dorado o ambarino; las orejas son más cortas, el cuello robusto, el perfil del cuerpo, algo cóncavo, y la grupa, ligeramente hundida.

El pelaje en el cuello, lomo y cola es largo y más oscuro que el del resto del cuerpo. Presenta un trazo blanco a través de las mejillas, y las patas anteriores suelen estar surcadas por una línea oscura que a veces llega hasta el cerca del pecho. Por lo demás, los patrones de colorido presentan gran variabilidad.

La longitud de la cabeza-cuerpo oscila alrededor de los 120 cm, la cola, unos 40 cm, y la altura a la cruz, 70-80 cm. El peso medio de los machos y las hembras adultos es de 32 y 28 kg respectivamente, con máximos comprobados de 46 y 38 kg, aunque es probable que haya lobos españoles de mayor tamaño.

El espeso pelaje de invierno le confiere un aspecto macizo, pero en verano presenta un aire estilizado, menos majestuoso, donde destaca el volumen de la cabeza.

Mientras se desplaza suele llevar la cola colgante y la cabeza baja, llamando la atención su característico trote lobero.

Las huellas son como las de un perro pero apreciablemente más alargadas -sobre todo las de las patas posteriores- y con una almohadilla más grande. La huella de la pata delantera de un macho grande mide unos 11 cm de largo incluyendo la uña (1 cm menos sin uña) y unos 8,5 cm de ancho; la trasera -más estrecha- 10,5 cm de largo y 7 cm de ancho. La zancada mide 60-80 cm.

A veces rasca el suelo con fuerza, dejando conspicuas marcas de las uñas. Los excrementos son como los de un perro muy grande y suelen tener restos de pelo y un olor fuerte, característico, bastante desagradable; suelen depositarlos junto al cruce de caminos, cortafuegos y objetos prominentes.

Pueden parir en zorreras o tejoneras agrandadas, pero suelen hacerlo en zonas de espesa vegetación, próximas al agua, donde la loba practica una somera excavación sobre el suelo.

En las madrigueras suelen aparecer restos de ungulados de mediano o gran tamaño o los restos de los otros alimentos que constituyen su dieta (Blanco 1998).

Los lobos emiten aullidos bien conocidos por el gran público y pueden responder a aullidos simulados.

Sin embargo, en España parece más difícil oírles aullar que en otras áreas menos humanizadas. Quizá los lobos españoles son más silenciosos para pasar desapercibidos en un medio densamente poblado.

Taxonomía.
Cabrera (1907) describió dos subespecies en España:
Canis lupus signatus y C. l. deitanus.

La primera corresponde al lobo actual de la península Ibérica, y, aunque la mayoría de los autores internacionales no reconocen su categoría subespecífica, presenta diferencias apreciables en relación a otras poblaciones europeas. C. l. deitanus sería -según Cabrera- una subespecie más pequeña y achacalada, originaria de la provincia de Murcia, en la actualidad extinguida.

No obstante existen argumentos de peso para dudar de que dicha subespecie haya existido alguna vez, y en la actualidad los especialistas no la reconocen (Blanco et al. 1990).

Las distintas subespecies de lobo en el mundo presentan grandes variaciones en color y tamaño.

DISTRIBUCION.

Originalmente, el lobo ocupaba la mayor parte del Hemisferio Norte por encima del paralelo 20.

Hoy en día las principales poblaciones se encuentran en Canadá y Alaska (unos 60.000 ejemplares), la antigua URSS (entre 60.000 y 100.000 en la parte asiática) y Asia central. La población mundial en 1998 se estima en más de 200.000 ejemplares.

Después de varias décadas de regresión generalizada, los lobos están aumentando al menos en Canadá, los Estados Unidos, la antigua URSS y la mayor parte de Europa gracias a la nueva conciencia conservacionista (Mech 1995).

En Europa, las principales poblaciones se encuentran en los países del Este y en la Península Ibérica:
la antigua URSS europea (15.000 lobos en 1992), Rumanía (2.500 ejemplares), la antigua Yugoslavia (más de 1.000) y Polonia (700). En 1998, en la Unión Europea hay poblaciones en Grecia (200-300), Italia (400-500), Portugal (300), Grecia (200-300), Finlandia (150) y Suecia-Noruega (70).

En la década de los 90 se han localizado ejemplares aislados en Alemania y Suiza, y los lobos han recolonizado Francia desde Italia, estableciéndose en los Parques Nacionales de Mercantour y la Vanoise (en los Alpes), donde en 1998 había unos 30 ejemplares (Boitani 2000).

En España, en 1988 se realizó una detallada evaluación nacional, según la cual el lobo se extendía por unos 100.000 km2, fundamentalmente en el cuadrante noroccidental del país.

Se distribuye de forma continua por la mayor parte de Galicia, la porción meridional de Asturias y Cantabria, la mitad septentrional de Castilla y León y algunas zonas de la Rioja y el País Vasco. Además, hay dos núcleos residuales y aislados en Extremadura y Sierra Morena (Ciudad Real y Jaén).

En Portugal hay lobos en el extremo nororiental del país, sobre todo junto a la frontera española.

En 1988 la población española se estimó en unos 300 grupos familiares, lo que supondría unos 1.500 individuos a principios de primavera y 2.000 a mediados de otoño.

Casi el 90% de la población española se encuentra en Castilla y León (54%) y en Galicia (34%). La densidad media en España oscila entre 1,5 y 2,0 individuos/100 km2 (a principios de primavera y a mediados de otoño, respectivamente).

Las mayores densidades locales se encuentran en áreas situadas en el noroeste de Zamora (5-7 lobos/ 100 km2) y en una zona que incluye porciones de las provincias de León, Palencia y Burgos (3,0-4,2 lobos/100 km2).

Las densidades mínimas se encuentran en las llanuras cerealistas del centro de Castilla y León (0,4-0,6 lobos/100 km2).

La población de la mitad septentrional de España había aumentado entre 1970 y 1988, mientras que los núcleos de la mitad meridional mostraban una tendencia regresiva, encontrándose en peligro de extinción (Blanco et al. 1990).

Entre 1988 y 1998, la situación no ha cambiado de forma notable, pero las tendencias observadas en 1988 parecen haberse consolidado.

La población septentrional ha experimentado un leve incremento, que se manifiesta en una ligera expansión y un aumento de la densidad en el este (Cantabria, País Vasco, La Rioja y Soria) y en el sur (la llanura cerealista castellana) de su área de distribución.

En Extremadura y Sierra Morena ha continuado la regresión, lo que coloca a la especie al mismo borde de la extinción (Blanco y Cortés, 2002).

BIOLOGIA Y ECOLOGIA.

Hábitat y uso del espacio.
El lobo es un generalista que ocupa gran variedad de medios, mientras le aporten alimento y protección contra el hombre.

Así, se le puede encontrar desde el Alto Artico hasta los desiertos de Arabia, pasando por casi todos los medios excepto la alta montaña o el bosque tropical.

En España también habita en paisajes muy diversos. En Galicia vive en medios con alta densidad de población humana, alimentándose de restos de basureros y ganado.

En la Cordillera Cantábrica ocupa montañas cubiertas de matorrales, bosques y pastizales.

En la región subcantábrica -donde alcanza las mayores densidades- vive en terrenos donde alternan los robledales con los cultivos de cereal.

En la Meseta castellana ocupa encinares residuales situados en la llanura cerealista.

En Extremadura y Sierra Morena vive en grandes fincas privadas, cubiertas de bosque y matorral mediterráneo, dedicadas a la explotación de la caza mayor.

El hábitat óptimo para el lobo en España presenta fundamentalmente tres características: aporta protección contra el hombre, suficiente alimento y no propicia conflictos entre los lobos y los intereses humanos.

Tales áreas suelen tener:

a) densa cobertura vegetal y escasa densidad de población (unos 10 habitantes/km2);

b) densas poblaciones de corzos y jabalíes, con ganado doméstico que el lobo consume sobre todo en forma de carroña;

c) la caza mayor no representa un recurso económico particularmente importante y el ganado no se maneja en régimen extensivo.

En términos generales, estas zonas óptimas se encuentran en una amplia zona castellana con vegetación de robledal (Quercus pyrenaica) que se extiende al sur de la Cordillera Cantábrica, desde el sur de Orense y Zamora hasta Burgos, incluyendo también amplias zonas de León y Palencia (Blanco 1997).

La actitud por parte del hombre es al menos tan importante como la cobertura vegetal o el alimento.

Las campañas de exterminio para evitar daños al ganado relegaron al lobo en el pasado a regiones remotas y deshabitadas, pero la especie es enormemente adaptable y -en ausencia de una severa persecución- puede vivir en áreas densamente pobladas alimentándose de carroñas de animales domésticos.

Cuanto mayor sea la tolerancia por parte del hombre, menos requerimientos ecológicos precisarán los lobos para vivir (Blanco y Cortés, 2002).

Uso del espacio.
Los lobos viven en manadas de tamaño variable.

En Norteamérica, las manadas establecidas en zonas donde las presas están dispersas ocupan territorios bien definidos, que se mantienen mediante señales acústicas (aullidos) y marcaje olfativo derivado de los excrementos, la orina y las glándulas olorosas.

Los encuentros entre manadas son raros pero pueden dar lugar a combates que con frecuencia acaban en la muerte de algún ejemplar.

El uso de los excrementos para el marcaje olfativo se ha estudiado en la Carballeda (Zamora) y la Cabrera (León).

La mayoría de los excrementos se acumulaban junto al cruce de caminos y cortafuegos, donde la probabilidad de ser detectados por otros lobos es máxima, y estaban asociadas a puntos de referencia evidentes (promontorios, abustos aislados, carroñas), que potencian visual u olfativamente su eficacia.

Se depositan con mayor frecuencia en el centro de los caminos o en los lados más expuestos al viento (Vilà et al. 1994).

En Norteamérica, los tamaños de estos territorios oscilan entre 110 km2 (cuando los lobos cazan ciervos de cola blanca, Odocoileus virginianus) y 1.250 km2 (cuando cazan bisontes), y son inversamente proporcionales a la disponibilidad de alimento.

Cuando los lobos cazan presas muy móviles (caribúes en migración) o disponen de fuentes concentradas de alimento, puede desaparecer esta estructura territorial (Fuller 1995).

En España, los datos sobre la utilización del espacio proceden de seis lobos radiomarcados en la Cabrera leonesa y la Carballeda zamorana, cuya presa principal era el corzo.

El tamaño medio de las áreas de campeo fue de 350 km2 -con valores extremos de 892 y 100 km2-, aunque la extensión media utilizada de forma regular en periodos de algunos meses fue de unos 200 km2.

Las áreas de campeo de algunos de estos ejemplares se solapaban parcialmente.

La mayor parte de las localizaciones se concentraban en pequeñas zonas boscosas, que los lobos utilizaban para refugiarse en las horas del día.

Los desplazamientos medios diarios fueron de 10-12 km, aunque un ejemplar llegó a recorrer casi 60 km en 24 horas (Vilà et al., 1990).

Asimismo, nosotros mismos estamos realizando un estudio en hábitats fragmentados en las llanuras cerealistas de Valladolid y Zamora, donde los lobos se suelen alimentar en muladares.

Desde marzo de 1997 hemos radiomarcado 11 lobos, pero los resultados aún son provisionales.

Los territorios de las manadas miden entre 150 y 300 km2. Algunos individuos muestran un patrón de uso del espacio muy regular, mientras que otros parecen ser flotantes, encamándose cada día en un lugar separado del anterior hasta unas pocas decenas de kilómetros, recorriendo quizá los territorios de varias manadas a la espera de encontrar un hueco en alguna de ellas; la presencia de individuos flotantes o transeúntes parece favorecida por la existencia de fuentes de alimento muy abundantes, como los muladares (Blanco y Cortés 1998, 1999).

Entre los meses de junio y octubre, la pareja reproductora y otros individuos de la manada centran su actividad alrededor de los cachorros, concentrándose en torno a ciertas áreas llamadas centros de reunión, donde aportan alimento a las crías y juegan con ellas; esta regularidad en el uso del territorio se pierde a medida que los cachorros crecen y son capaces de seguir a sus padres en sus desplazamientos.

Los lobos radiomarcados en este último estudio recorren cada noche distancias que oscilan entre 10 y 50 km (Blanco y Cortés 1998, 1999).

Alimentación.
La alimentación es muy variable, y puede constar en alces de media tonelada de peso como de pequeños roedores, aunque el lobo es típicamente un predador de ungulados.

En España, la dieta del lobo es muy diversa y varía en las diferentes regiones, pero la depencia del ganado doméstico (que, en su mayor parte es consumido como carroña) y de los ungulados silvestres es un rasgo común en casi todo el país. En la mitad occidental de Galicia, una zona con alta densidad de población, el lobo se alimenta sobre todo de restos de gallineros y granjas de cerdos, y de ganado.

En la Cordillera Cantábrica, el área subcantábrica y la Sierra de la Demanda, de ungulados silvestres (corzos y, en menor medida, jabalíes y ciervos) y domésticos.

En la llanura cerealista castellana, los conejos pueden tener gran importancia, llegando a aparecer en el 44,4% de los excrementos y estómagos analizados en primavera y verano.

En Extremadura se alimentan tanto de ungulados silvestres como domésticos, y en Sierra Morena los ciervos parecen ser su alimento esencial (Cuesta et al., 1991).

En general, los estudios realizados en España resaltan la importancia que la carroña de animales domésticos tiene en la dieta del lobo.

Los lobos cazan las grandes presas de forma cooperativa, y a veces también las pequeñas.

En la provincia de Burgos se ha observado la persecución y captura de una liebre por parte de tres lobos actuando de forma coordinada.

Normalmente, los lobos eligen a los ejemplares más vulnerables (crías, viejos, enfermos).

En la comarca del Curueño (León), se ha comprobado que el 42,8% de los corzos consumidos en verano eran crías (Salvador y Abad 1987).

En cuanto al impacto de los lobos sobre sus presas, en Canadá se ha observado que la predación puede controlar e incluso limitar las densidades de ungulados silvestres, pero, en sí misma no parece ser responsable del declive de las poblaciones de presas.

No obstante, cuando este declive se produce por una combinación de factores meteorológicos, deterioro del hábitat, predación, caza excesiva y/o enfermedades, la predación puede dificultar la recuperación de las poblaciones de ungulados durante décadas, provocando al tiempo un descenso en las densidades de lobos.

En estos casos, la prohibición de la caza de ungulados y el control de sus predadores puede incrementar con rapidez las densidades de aquéllos y, finalmente, también la de lobos (Seip 1995).

En España, donde los ecosistemas son mucho más complejos que los de las regiones septentrionales de la Tierra, no hay datos globales de los efectos de la predación del lobo sobre sus presas naturales.

En la provincia de Burgos, entre 1981 y 1985 se comprobó que las poblaciones de lobos y corzos aumentaron exponencialmente de forma simultánea.

En Valladolid, en la década de los 80 la expansión de los lobos y los corzos ha sido también coincidente. En Sierra Morena, se ha estimado que el impacto de los lobos sobre la población de ciervos es despreciable, ya que afecta como máximo al 0,7-0,3% de sus efectivos (Blanco et al. 1990).

La predación del lobo sobre el ganado doméstico constituye un fenómeno universal, y es la principal causa de la tradicional persecución por parte del hombre. En Europa, donde apenas existen extensas áreas despobladas, los daños a la ganadería deben aceptarse como un hecho inseparable de la existencia del lobo.

En España, en 1988 se estimó que los lobos provocan anualmente la muerte de unas 1.200 cabezas de ganado equino, unas 450 de vacuno y unas 5.000 de ovino y caprino, lo que supondría unas pérdidas de unos 120 millones de pesetas. Estas cifras, repartidas por los 100.000 km2 del área de distribución de la especie, son insignificantes si consideramos las pérdidas habituales que sufre el sector agropecuario por otras causas naturales.

La predación sobre el ganado es desproporcionadamente elevada en las áreas de montaña (el 77% de los daños se producen en estas zonas, que sólo albergan el 20% de los lobos del país) a causa de la falta de vigilancia del ganado en régimen extensivo (Blanco et al. 1990).

Un factor común a la predación sobre el ganado son las lobadas, en las que los cánidos matan muchos más individuos de los que pueden comer.

En 78 ataques estudiados en la Sierra de la Demanda (Burgos), el número medio de ovejas muertas fue de 7,6 ejemplares en cada ataque (Tellería y Sáez-Royuela 1989).

Esta predación excesiva se produce esporádicamente en todas las especies de carnívoros conocidos, y denota la falta de inhibición de la agresividad cuando atacan animales con escasos mecanismos de defensa.

Actividad.
Cuatro de los seis lobos radiomarcados en las provincias de León y Zamora fueron claramente nocturnos; la actividad solía comenzar una hora después de anochecer y terminaba después del amanecer. La actividad nocturna mostraba un mínimo hacia la mitad de la noche.

Aunque de forma esporádica estuvieron activos durante el día, en general, durante las horas de luz permanecían encamados en manchas espesas de vegetación.

Una hembra criando mostró actividad diurna durante las primeras 6 semanas -cuando los lobeznos están aún en la madriguera- recuperando progresivamente la actividad nocturna (Vilà et al. 1995).

Los lobos radiomarcados en Valladolid y Zamora muestran también una actividad esencialmente nocturna, aunque durante el día están con frecuencia activos e incluso realizan largos desplazamientos.

Comportamiento social.
Los lobos viven en manadas jerarquizadas, compuestas en general por miembros de la misma familia.

El núcleo de la manada es la pareja reproductora, a la que hay que sumar las crías del año y, en la mayoría de los casos, otros individuos de años anteriores. El número de integrantes de la manada es mayor en áreas donde la presa principal es de gran tamaño, pero no parece existir una relación lineal entre ambas variables.

En Norteamérica, las manadas estables de 5 a 10 individuos son habituales; en invierno -cuando la nieve convierte a los grandes ungulados en presas muy vulnerables- todos los miembros de la manada viven y cazan juntos.

En primavera, los miembros se disgregan para cazar presas menores, manteniendo contactos regulares (Mech 1970).

En España los lobos también viven en manadas, pero sus miembros raramente de desplazan juntos.

Dos manadas con individuos radiomarcados en Valladolid constaban entre octubre de 1997 y enero de 1998 al menos de 9 y 10 ejemplares -incluyendo no más de 5 lobatos menores de un año-, que se reunían para encamarse pero buscaban alimento en pequeños grupos (máximo de hasta 5 lobos) o aislados (Blanco y Cortés 1998, 1999).

Reproducción.
En España el celo tiene lugar entre finales de enero y principios de abril, y tras 63 días de gestación se producen los partos (entre abril y junio), por lo general, más tardíos en las regiones más septentrionales.

En los grupos estables normalmente no copulan más que los individuos dominantes de cada sexo, por lo que sólo se produce una camada por manada.

Aunque las hembras pueden copular antes de cumplir un año, no suelen hacerlo antes de los 22 meses.

La paridera suele localizarse cerca del agua, en terreno poco accesible, aunque en la Meseta castellana pueden criar en los lechos de los regatos que separan campos de cereales, en áreas totalmente desarboladas.

En España, el tamaño medio de 129 camadas observadas en primavera fue de 5,33 lobeznos, pero en 1989 se estudió en la provincia de Valladolid una camada de 10 lobeznos, todos los cuales sobrevivieron al menos hasta los tres meses y medio de edad (Blanco et al. 1990).

Al nacer pesan unos 500 g, abren los ojos a los 11-15 días y comienzan a salir del cubil a las tres semanas.

Hasta las 11 semanas viven en los alrededores de la paridera estrechando los vínculos sociales con otros miembros de la manada, y desde entonces hasta la dispersión empiezan a participar en la caza.

En Norteamérica, la dispersión afecta de forma similar a lobos de ambos sexos, suele tener lugar entre los 1 y 2 años de edad y está precedida con frecuencia de exploraciones previas de duración variable.

En una población de Minnesota (USA) se dispersaron el 8% de los adultos, el 75% de los jóvenes entre uno y dos años de edad y el 16% de los lobatos menores de un año.

La dispersión se produjo sobre todo entre febrero y abril y entre octubre y noviembre. La mayoría de los adultos que se dispersaron consiguieron emparejarse y criar, los jóvenes tuvieron un éxito moderado en el emparejamiento y bajo en la cría, y los lobatos raramente llegaron a emparejarse.

La mayoría de los ejemplares se establecieron a menos de 50 km del lugar de nacimiento, pero se sabe de dos machos que recorrieron 732 km durante su dispersión en Alaska (Gese y Mech 1991).

Dos lobos radiomarcados en 1997 en la provincia de Valladolid se dispersaron a la edad de 26 (una hembra) y 32 meses (un macho), colonizando nuevas áreas situadas a 50 y 30 km del lugar de nacimiento (Blanco y Cortés 1998).

Los lobos se hibridan con otras especies del género Canis, produciendo descendencia fértil.

En Norteamérica, la hibridación generalizada entre lobos y coyotes ha dado lugar a nuevas formas de cánidos.

Una de éstas, el lobo rojo (Canis rufus), ha sido considerada como especie independiente hasta 1991, cuando se demostró claramente que era el resultado de un proceso de hibridaciones.

En la Europa mediterránea, el cruce con perros se ha considerado tradicionalmente una de las principales amenazas para la conservación del lobo, pero recientes estudios genéticos sugieren que las hibridaciones son raras y los bastardos no se integran en las manadas de lobos, por lo que no constituyen de hecho un problema de conservación (Vilà y Wayne 1999).

Dinámica de poblaciones.
El lobo muestra una marcada estrategia de la r y una fuerte capacidad de recuperación y de renovación de sus poblaciones.

En las amplias regiones deshabitadas de Norteamérica, la densidad de lobos está regulada por la disponibilidad de alimento, es decir, por la densidad de ungulados silvestres, que aumenta de Norte a Sur.

En el Artico canadiense las densidades no superan los 0,6 lobos/100 km2, mientras que en Minnesota (USA) alcanzan los 4 lobos/100 km2 (Fuller y Murray 1998).

En España, donde la gran cantidad de carroña disponible podría mantener poblaciones muy numerosas, las densidades parecen estar limitadas por la presión humana, que a su vez parece ser inversamente proporcional a los daños a la ganadería (Blanco y Cortés, 2002).

Las máximas densidades del noroeste zamorano y de las comarcas subcantábricas de León, Palencia y Burgos (entre 4 y 7 lobos/100 km2) coinciden con las áreas donde los daños a la ganadería son más leves (entre 6 y 4 veces menores a los daños medios en España).

Las poblaciones de lobos pueden llegar a compensar pérdidas totales (incluyendo los cachorros) del 50% anual, y no declinan hasta que la mortalidad de los ejemplares mayores de 6 meses supera el 35% anual.

Esto explica que poblaciones como la española hayan sobrevivido a la intensa persecución, recuperándose al disminuir la presión (Fuller 1995).

En 1988 se estimó que en España morían por causa del hombre no menos de 500 lobos cada año (Blanco et al. 1990). En estas poblaciones con alta mortalidad, los ejemplares jóvenes representan hasta el 50% de la población total.

En un estudio sobre lobos españoles la tasa de supervivencia desde los 6 meses a los 5 años fue del 14,5%.

En libertad la edad máxima conocida es de 13 años (Mech 1988), y en cautividad, oscila alrededor de los 16 años.

Conservación.
El lobo ha sido tradicionalmente perseguido por todas las culturas pastoriles euroasiáticas, y en Norteamérica, a causa de la predación sobre los ungulados silvestres de interés cinegético o comercial.

En consecuencia, ha sido erradicado de gran parte de su área de distribución natural, hasta merecer ser catalogado por la UICN como Vulnerable a escala mundial.

No obstante, a partir de los años 70, está aumentando en la mayor parte de su área de distribución en el mundo gracias al cambio de actitud del público hacia la naturaleza.

La especie ocupaba la mayor parte de España hasta mediados del siglo pasado, pero la creciente presión humana le llevó a una situación crítica sobre 1970.

Desde entonces, las poblaciones se han recuperado de forma notable como consecuencia de la nueva conciencia conservacionista; además, el despoblamiento del campo ha llevado consigo la regeneración de la vegetación y el consiguiente aumento de los ungulados silvestres.

No obstante, en la actualidad sigue considerándose una especie Vulnerable en España.

Además, en Extremadura y Sierra Morena se encuentran en peligro de extinción por la persecución ilegal de los propietarios de las grandes fincas privadas, que les consideran incompatibles con la explotación cinegética de la caza mayor (Blanco et al. 1990).

En la mitad septentrional de España, el lobo no necesita una protección estricta, aunque sí podría mejorarse de forma notable su gestión.

El manejo racional y transparente de la especie, que precisa un esfuerzo real para controlar la caza ilegal, exige el pago rápido de indemnizaciones a los ganaderos; esta medida, además de modificar la actitud del mundo rural hacia el lobo, confiere a las administraciones autoridad legal para perseguir a los infractores.

Cualquier plan de gestión del lobo ha de ser flexible y tener en cuenta a los sectores afectados. Dado que el lobo siempre será una especie conflictiva, son necesarias campañas periódicas de sensibilización que aseguren la existencia de una opinión pública dispuesta a aceptar los gastos que con lleva su conservación.

Dichas campañas deberían ser diseñadas y dirigidas por expertos en comunicación.

Se ha pensado que las autovías valladas en medios llanos pueden fragmentar las poblaciones.

Los resultados preliminares de un estudio con lobos radiomarcados indican que éstos son capaces de atravesarlas con cierta facilidad; no obstante, la previsible proliferación de barreras técnicas en un futuro cercano exige la implantación estricta de medidas correctoras y compensatorias.

En Extremadura y Sierra Morena el lobo se extingue a pesar de su protección estricta.

Se precisan planes de recuperación para erradicar la caza ilegal.

Tales planes deberían englobarse en medidas de gestión más amplias que intenten conciliar los intereses de los propietarios de las grandes fincas cinegéticas con la conservación de la fauna.

En los últimos años, en los países occidentales proliferan movimientos ecologistas radicales que mitifican al lobo, rechazan los resultados de los censos científicos y se oponen a cualquier tipo de gestión o control de las poblaciones.

Su agresividad promueve el radicalismo de los sectores anti-lobo, aviva los conflictos y se está convirtiendo en un problema de conservación cada vez más grave (Blanco y Cortés, 2002).

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Vilà, C., V. Urios y J. Castroviejo (1990). Ecología del lobo en la Cabrera (León) y la Carballeda (Zamora). Págs. 95-108 de Blanco, J.C., L. Cuesta y S. Reig (eds.): El lobo (Canis lupus) en España. Situación, problemática y apuntes sobre su ecología. Colección Técnica, ICONA. Madrid.

Vilà, C., V. Urios y J. Castroviejo (1994). Use of faeces for scent marking in Iberian wolves (Canis lupus). Can. J. Zool., 72: 374-377.

Vilà, C., V. Urios y J. Castroviejo (1995). Observations in the daily activity patterns in the Iberian wolf. Pp. 335-340. En: L.N. Carbyn, S.H. Fritts y D.R. Seip (eds.): Ecology and conservation of wolves in a changing world. Canadian Circumpolar Institute, University of Alberta. Edmonton, Alberta, Canada.

Vilà, C. y Wayne, R.K. (1999). Hybridization between dogs and wolves. Conservation Biology 13 (1): 195-198.

Más información en Ibérica 2000:
* Jornadas sobre gestión y conservación de fauna silvestre en peligro de extinción.

Insertado por: cipi-cpn (03/05/2003)
Fuente/Autor: Dr. Juan Carlos Blanco.
 

          


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Comentarios

me ha gustado mucho la información presentada aunque faltan añadir fotos sobre todo de un animal tan bonito
Nombre: mamen  (29/03/2006) E-mail: mamenroig@tele2.es
 
Proyecto Life COEX
* Mejorando la coexistencia entre grandes carnívoros
y ganadería en el Sur de Europa.
Conviviendo con el lobo: Prevención de daños en Europa meridional. 28 y 29 de febrero de 2008 – Palacio de Mansilla, Segovia (España)
Fundación Oso Pardo - Isabel la Católica, 13 - 39007
CONCLUSIONES:
- Los métodos de prevención de daños son fundamentales para la convivencia entre lobos y ganaderos.
- El principal método de prevención es el interés del ganadero por proteger su ganado.
- Las vallas eléctricas constituyen un método barato y muy eficaz para proteger por la noche rebaños de ovejas semiestabuladas. El uso de mastines potencia la utilidad de
estas vallas.
- Los mastines reducen significativamente el número de ataques y, sobre todo, el número de cabezas de ganado muertas.
- En las zonas con uso público muy intenso los mastines pueden generar problemas, por lo que hay que ser extremadamente cuidadoso con su uso. Se debe informar a los
usuarios de la función de los mastines y sobre cómo comportarse en su presencia.
- Es fundamental que los mastines hayan sido seleccionados genéticamente para proteger el ganado, descartando los ejemplares agresivos con las personas.
- Los mastines necesitan tener un adiestramiento adecuado desde las primeras semanas de edad.
- Es necesario informar a los ganaderos no familiarizados con los mastines sobre el adiestramiento que necesitan. Sería útil redactar un manual sobre buenas prácticas de
uso de perros guardianes de ganado.
- Los mastines también pueden ser útiles para reducir los daños al ganado extensivo, aunque su eficacia es sensiblemente menor que en el caso del ganado semiestabulado. Es necesario realizar estudios a este aspecto.
- Los métodos de prevención en zonas montañosas pueden presentar dificultades adicionales y, en algunas situaciones, pueden ser poco efectivos (p.ej., con el ganado equino). Se debería evaluar la eficacia real y social de los métodos preventivos en distintos ecosistemas de montaña.
- Se han obtenido escasos resultados en la protección de ciertas razas autóctonas y del ganado de lidia. Estos problemas constituyen un reto para proyectos futuros.
- Además de las vallas y los perros de guarda, existen otros métodos -como las barbacanas (fladry)- que pueden reducir los daños en cierta medida. Se debería estudiar
su viabilidad en diferentes ecosistemas de la Península Ibérica.
- Los programas sobre métodos de prevención y sobre otras medidas de gestión del ganado que ayuden a reducir los daños (promovidos desde las administraciones o desde
ONG) son importantes también para demostrar que las preocupaciones de los ganaderos tienen un eco social.
Segovia, viernes 29 de febrero de 2008
Nombre: Yolanda Cortés  (10/03/2008) E-mail: ycortes@ya.com
 

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